“La traición de Judas”
Una de las armas mejor usadas por los líderes radicales de izquierda es la agitación popular, es más fácil que plantear alternativas de solución, o puntos de conciliación, porque esto requiere de un poco de inteligencia, capacidad y desprendimiento en aras del bienestar nacional, criticar es mejor valiéndose ya sea del ímpetu juvenil, de la ignorancia, rencor o pasividad de los pobladores.
Un proyecto minero utilizado para contagiar a nivel nacional un clima de enfrentamiento, zozobra, protestas, paros y atentados contra el libre desenvolvimiento de nuestra economía, acrecentado como resultado de un trabajo sistemáticamente político de las facciones radicales con apoyo extranjero, hacia el único fin, presionar al gobierno de Ollanta Humala encauzándolo hacia intereses y beneficios de ciertos grupos de poder.
Es ahora cuando la factura a pagar por el precio de la alianza con los sectores de izquierda radical se vuelve en la peor camisa de fuerza de Ollanta, autoridades como el alcalde anti minero de Bambamarca Hernán Vásquez que se vende al mejor postor ( 3 millones de dólares bastaron para ceder su propiedad tierra, arboles y una laguna a la minera Gold Fields) dirigentes y autoridades guiadas desde afuera para provocar un caos en la administración de gobierno convirtiendo a Ollanta en el gobernante servil tal como lo fueron Toledo y Alan García.
Estas asociaciones radicales no defienden el agua ni el ecosistema del país, ellos intimidan a los pobladores para levantarse en una lucha donde el fin no es el agua, sino la ideología política con la cual viven, a costas de la pobreza y resentimiento social de los pobladores. Ellos dicen defender el agua, pero quieren progreso sin dar ningún planteamiento, alegan defender al pueblo pero los obligan a cerrar sus negocios o a bloquear carreteras, no les interesa las pérdidas económicas de estas familias, con su intransigencia solo han levantado la llama de la insurrección a nivel nacional.
Por otro lado Ollanta también hereda los estragos sociales causados por la eliminación de los programas sociales que hizo Toledo así como, su dejadez y olvido hacia las zonas más pobres de Perú, todo esto quedo sellado con la indiferencia del gobierno de Alan García.
Para colmo Ollanta llega al poder utilizando una campaña llena de odio, en donde se intensifico el rencor, se dio más importancia al pasado, a los escándalos de índole moral, en lugar de vislumbrar el futuro del Perú con esperanza, solidaridad y unión, centrándose en planes a seguir con las personas adecuadas.
Hoy a solo cuatro meses de gobierno ya tenemos zonas en emergencia, ministros que renuncian, nombramientos desesperados , el preocupante resurgimiento de facciones subversivas con el manto de grupos políticos, quienes en el fondo no defienden la integridad nacional al contrario su misión es incrementar su poder paralizando nuestra economía para su conveniencia o de otros.
Ollanta habla de inclusión social, dijo “no me importa el color del gato sino que cace ratones”, pero será difícil lograr la concertación de profesionales sin distinción política, teniendo a sus aliados radicales con el puño en alto marcando sus decisiones.
Teniendo en cuenta este panorama que de político tilda a subversión , considerando a todos aquellos mineros informales quienes se regocijan con esta paralización, autoridades regionales que no rinden a conciencia el resultado de su gestión, sería ideal aunque propio de un líder con mano dura, con decisión, para no transigir, no claudicar, no caer en chantajes, convocando a los mejores profesionales o ciudadanos sin importar sus creencias o simpatías políticas para la gran transformación que Ollanta prometió, un desprendimiento honesto y razonable con una sola finalidad el Perú.
Para ello es preciso también la plena disposición de todos, dejando el protagonismo o buscar conveniencias individuales.
Asimismo apoyar a las empresas mineras que cumplen con los estándares de protección al medio ambiente exigiendo la retribución económica justa y razonable.
Eliminar o en su defecto formalizar en forma dinámica a las mineras informales.
No caer en situaciones latentes o de espera, generando suspicacias e incertidumbre que solo beneficia las intensiones maliciosas de grupos radicales.
Elaborar auditorias a todo nivel incluyendo aquellos organismos que por su naturaleza internacional esquivan toda supervisión de sus gastos y son las que muchas veces tras la fachada defensora de derechos, subvencionan el accionar de malos dirigentes o a la subversión.
No se puede obviar que la minería ha explotado nuestros recursos desde hace años, con el riesgo de la contaminación al medio ambiente y afectando la salud de los pobladores, aunque muchos digan que la minería ha propiciado trabajo y bienestar , es un hecho palpable la enorme pobreza de nuestros hermanos del ande porque el progreso solo ha llegado a ciertos sectores mas no a la gran población, que sufre la indiferencia de sus autoridades , utilizados, engañados y atemorizados por malos dirigentes, con un gobierno central que en lugar de protegerlos los olvida .
Paralelamente al incentivo de grandes programas mineros, es necesario e importante, hacer realidad un proyecto de inversión de gran escala para elevar el nivel de vida de estos pueblos, no se trata de inaugurar con festejos y proclamas alguna que otra carretera o colegio, mientras lo mejor llega a la capital para cumplir promesas electorales.
El Perú es un país con una riqueza admirable en recursos naturales, los cuales si son explotados a conciencia pueden darnos el desarrollo tan ansiado, sería una intolerancia dejar tanta riqueza y conformarnos con ser un país receptor de caridad o ayuda social de otros países, es posible aprovechar nuestros recursos manteniendo un equilibrio entre lo que estamos dispuestos a ceder y a recibir considerando el enorme potencial a nuestro favor.
Del mismo modo debemos incentivar el progreso en otras áreas productivas, dejando de utilizar al sector minero como el único ente para el desarrollo nacional.
Es con hechos que Ollanta devolverá la confianza a los peruanos, con estrategia, sentido común y autoridad enfrentara el reto de poner orden al país.
Sofía